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Publication Type:

Web Article

Authors:

Sonia Fides

Source:

El Asombrario & Co., España (2026)

URL:

https://elasombrario.publico.es/al-2040-cuerpo-humano-y-planeta-tierra-sufren-la-misma-crisis/

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Si hay una poeta que puede sostener un apocalipsis, esa es sin duda Jorie Graham (Nueva York, 1950). Con talento para trasgredir sin contaminar con el fantasma del malditismo, su trabajo es único y así lo vuelve a demostrar en su nuevo libro, ‘AL 2040’. Un territorio exigente con quien lee. Un escaparate en el que no hay cabida para las treguas. Muerte y poesía coexisten en ‘AL 2040’. También lo hacen vida y destrucción. Naturaleza y deshumanización. Graham narra el acoso hacia la naturaleza y sus moradores. Todo es apocalíptico en esta distopía poética. Para ella el cuerpo humano y el planeta Tierra sufren la misma crisis.

(Esta reseña quiero dedicársela a Laura Riñón Sirera, librera y amiga, para que tenga la certeza de que la poesía volverá a construir casas de cristal)

“Huyo la luz / Tenemos un mundo / que perder, pensé”.

Jorie Graham es a través de este libro una observadora que se sabe en brazos de la muerte. De ahí que haya un relato inagotable en cada poema. La autora opta por hacerlos casi infinitos, reflexivos. Ya se sabe que una conversación cara a cara con la parca no puede ser baladí y ella lo pone de manifiesto en cada verso, en cada latido de sus metáforas. 

“Qué / es lo que tose en lo / invisible”.

Muerte y poesía coexisten en Al 2040. También lo hacen vida y destrucción. Naturaleza y deshumanización. La extensión de cada trago emocional, y político, que ofrece la poeta estadounidense abarca cualquier tiempo verbal. Ella no hace distingos, porque en la construcción y destrucción de cada ser humano y de la propia vida exterior todos intervienen. 

Graham juega con el futuro a un juego dinámico y peligroso. Ambos, poeta y futuro, permanecen en estado crítico. 

“Me / vuelvo ahora más hacia los muertos, / cada vez más nítidos al acercarme a ellos”.

El porvenir reemplaza al nicho del pasado, sus certezas son animales muertos que solo impiden asumir el presente, pero sin desasirse por completo de él, en una magnifica batalla de espejismos. El zigzagueo poético de Graham es devastador. Porque engloba lo propio, lo político y lo humanista. Es una estadista emocional. Una visionaria que vuelve invisible a Casandra. 

Graham maneja futuro y presente como dos espirales que se integran, que coexisten, que necesitan aferrarse a las preguntas. Y dialoga con lo invisible, con todo lo que emborrona y mancha el mundo. Y hay una plenitud en su limpieza desbordante. 

“Con quién estoy hablando, eres uno o muchos, qué eres ¿eres?”.

Memoria, realidad y deseos como un reto, como una comparación capaz de salvar el lenguaje y todo lo que aún necesitamos de él en esta sinrazón que es el siglo XXI. 

Graham narra el acoso hacia la naturaleza y sus moradores. Todo es apocalíptico en esta distopía poética que ha materializado. Verdad y distopía mezcladas, relacionándose como dos amigas que se encuentran para liberarse de las traiciones. Y de las tradiciones y tradiciones más macabras. 

“Las lenguas en el aire que anoche / son murciélagos, pero intento / recordar / alondras”.

Es un espectáculo hirviente contemplar cómo el nihilismo de la poeta se balancea a lo largo del libro como el trapecista sin nada que perder en cada salto.

“Las pantallas / luminosas me miran / sin ternura / ni crueldad / Volveré a ser salvaje. / Necesitamos / que otra vez lo apuestes / todo / por nosotros. Que / inventes a dios en forma de navaja / y hagas que abra en canal / toda esta nada que nos rodea, / necesitamos verla / yacer ante nosotros / muerta.

Ojalá supiera / a quién dirigirme”.

Parece que Graham se dirige a sus contemporáneos, pero también parece que se dirige a las máquinas invasoras, drones y demás parientes, como el algoritmo sádico y castrador. Pero no se contagia de su lenguaje, ella se ciñe al rumor trágico de los clásicos, a la ensoñación de su perfeccionismo. Habla como un oráculo cuya garganta está bañada por la serenidad. 

“Febrero de 2022, te estoy cantando, / al menos déjame terminar mi canción. / No soy suficiente pero / podría haber sido menos”.

“Para qué crees que sirve tu fuerza, pregunta–– / qué crees que es tu inteligencia. / Las grapas quirúrgicas parpadean. / Imitan al día”.

“Tu cuaderno rebosa de segundas / oportunidades”.

Graham hace una valoración cuidadora, transversal y onírica de la naturaleza. Potencia un nuevo comienzo para ella. Alza la voz, da pistas, soluciones. Enuncia preguntas. Se acopla en el sigilo para enumerar los destrozos y vejaciones a la que la sometemos. 

Al 2040 es un cántico espiritual, místico, ardiente, liberador. Las meditaciones que lo atraviesan congenian a la perfección con las de Santa Teresa, San Juan de la Cruz o el mismísimo T.S. Eliot. Graham alienta sus discursos, los actualiza, los vigoriza. 

Los versos y poemas que aparecen en este volumen forman una coreografía de pureza inagotable. No hay juicios, aunque Graham encadena pistas sobre la inconsciencia de la explotación diaria. Ofrece refugios, también oraciones, pese a ese ferviente nihilismo que nombré un poquito más arriba. 

Al 2040 es un tratado de supervivencia. También un alegato contra la guerra y las veleidades de quienes la fabrican desde sus despachos blindados.

Graham se atreve a nombrar al mundo como un campo de exterminio. Exhibe sus dudas. Las preguntas toman una dimensión táctica con Graham y al mismo tiempo perdura en ellas el talento y el ritmo de la espontaneidad.

“Si soy una mensajera, cuál es / mi mensaje”.

Graham convive con su propio renacimiento. Lucha por la permanencia. Resiste al optimismo que deviene del estado del bienestar. Confraterniza con lo incómodo hasta hacerlo vida, rutina y aliento para que no nos venza. 

“Qué apretados estamos en nuestro tallo”.

“Y mis pesadas / manos que ahora se alzan, palmas hacia arriba, refulgentes, / me dice, / toca, tócalo todo, / comienza por tu rostro, / pon tu rostro en nosotros”.

Graham se reencarna en cada lector, en cada habitante del planeta. Al 2040 es un espacio donde la voz poética convoca un coro.

Jorie Graham es una apasionada de la verdad. Sus uñas poéticas rascan sin descanso sobre cualquier superficie. Graham no deja que sustantivos y adjetivos contaminen ningún verso. Cada palabra conserva su responsabilidad. Leer a Graham no es descifrar un jeroglífico con una sola solución; es dejarse contagiar por su vibración. Es visualizar el mundo fracturado que construye. Para ella el cuerpo humano y el planeta Tierra sufren la misma crisis. A este rascado se une, de forma simbiótica, la labor minuciosa de Rubén Martín; su traducción corre los mismos riesgos que el original, haciendo una justicia milimétrica a cada palabra y actuando como un viento a favor para que la implicación emocional de Graham mantenga su voltaje intacto.

Graham se emparenta en este libro con la clarividencia de Anne Carson y se enfrenta de forma radical a la dialéctica enfurruñada de Louise Glück.

Al 2040 es un libro que te ciega y te llena de luz al mismo tiempo. Que rastrea sin tregua la inteligencia del espectador. Es un desafío que te involucra en la supuesta biografía de la narradora.

Es un tesoro raro este poemario. Un hogar. 

‘AL 2040’. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Ed. La Bella Varsovia. 189 páginas.

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AL 2040: Cuerpo humano y planeta Tierra sufren la misma crisis.pdf170.38 KB